XI Duatló del Prat

Otro día para el recuerdo. Cuando todo sale lo mejor que podía salir y estás rodeado grandes personas, da igual si llueve o nieva. Un año desde mi debut con el club, parece que haga mucho más! El día no acompañó, pero ni la lluvia, ni el frío ni el viento consiguieron quitarnos la ilusión de competir por equipos, cerca de casa y en una de las competiciones donde más gente del club participa. Esta edición presentábamos seis equipos: élite masculino, élite femenino, mixto, masculino "a", masculino "b" y femenino. Los seis lograron acabar, no hay que lamentar caídas ni lesiones de nadie y todos hicimos una muy buena actuación, demostrando que la unión hace la fuerza.

Expectativas

Hacía solo dos semanas de ver -darme cuenta- en Castellar que estaba más flojo de lo esperado. Los días ideales para hacer un entreno específico y contundente centrándose en el duatlón, me pillaban de viaje. Con estos ímputs, lo que hice es no parar de hacer entrenillos y de mantenerme activo hasta el día de la prueba. No había tiempo para recuperar la forma, se trataba de salvar los muebles, acostumbrar al cuerpo y a las piernas a pedalear de nuevo, aprender a rodar juntos en bici, ganar soltura en las transiciones, etc. El objetivo del equipo masculino "a" estaba claro: correr a 4:07 min/km los primeros 5K, ir en bici lo más rápido y organizados posible y correr los últimos 2,5K entorno 4:00 min/km. Después de varias modificaciones de los integrantes, algunos por lesión y otros por mejorar el conjunto de los grupos del club, el equipo de vikingos masculino "a" al final fue: Nando E -el capitán y cabeza de grupo-, F.Veguedes -la locomotora y la cohesión del grupo-, Salva -la veteranía y el equilibrio del equipo-, C.Silva -el joven polvorilla- y un servidor -que pese a estar flojo, en equipo me crezco y podía dar la sorpresa-.

Empieza

El primer 5K pintaba bien, Nando nos llevó clavados al tiempo previsto. Iba bastante cómodo hasta el Km3, que empecé a notar fatiga. Pero vi que Veguedes iba más tocadillo y decidí hacer un sobreesfuerzo y empecé a ponerle mi mano en su cadera para que no se fuera quedando. Lo necesitábamos, y mucho, en la bici y en el equipo. Era muy poca la ayuda que necesitaba. Salva y yo nos entendimos a la perfección para ir alternando nuestras manos en su cadera. Y así pasó el primer segmento.
Transición bastante decente y rápido a por el segmento de ciclismo.
Personalmente no me planteé la idea de no competir o de retirarme en la bici con la de agua que estaba cayendo, porque era una competición por equipos y me sentía pieza clave. En individual seguramente no hubiera competido, le tengo mucho respeto a las caídas, ya he tenido una por culpa del agua y no tengo experiencia en bici sobre mojado.
Fue subirnos a las bicis y Nando decidió no arriesgarse más de la cuenta y acabar ahí su participación. Decisión inteligente y muy respetable. Ahora éramos cuatro, y como mínimo teníamos que llegar tres a meta. Empezamos fuerte, nos sincronizamos bastante bien, Veguedes se recuperó en un momento y sus piernas empezaron a maquinar. Empezamos a pasar grupos y grupos, como si lleváramos años yendo en bici de carretera sobre mojado. Y lo cierto es que los cuatro somos bastante novatos en ciclismo, y más con lluvia. Dimos muy buenos relevos, creo que cada uno supimos dar lo mejor de nosotros en beneficio del equipo, pese a la peligrosidad del asunto. Eran cuatro vueltas al circuito, en total 20Km, a rueda iba bien aunque me costaba tirar cuando iba primero y lo intentara disimular entre los de mi equipo para que no bajaran el ritmo. Pero las sensaciones cambiaron a mitad de la tercera vuelta. Me empecé a sentir cada vez mejor -será que mi cuerpo es de MD- al inicio de la cuarta vuelta, me sentí muy fuerte, estaba contento por cómo nos estábamos coordinando en bici, y vi claro que, salvo accidente, íbamos a hacer una muy buena prueba. Veguedes acabó de estrujarse llevándonos a 40km/h durante gran parte de la última vuelta. Llegamos a la T2, costó más de lo previsto desabrocharse las zapatillas con las manos congeladas, pisamos mil charcos y barrizales hasta dejar las bicis colgadas en el box. Ahí Veguedes dijo basta, le entraron rampas en varias partes del cuerpo y éramos tres que podíamos acabar bien los 2,5 Km que nos quedaban. Costó sentirse cómodo corriendo, sobretodo por los pies tan fríos, pero el ánimo de los del club al pasar por la carpa, de mis padres, mi hermano, mi tio Diego, mi prima Andrea, de Nando y de Veguedes hicieron que se pasaran volando y que no fueramos tan lentos. Carlos iba sobrado de ritmo, Salva y yo decidimos disfrutar lo que quedaba en vez de llegar agonizando. Había sido una gran prueba.
Abrazo de complicidad entre los cinco y rápido a la ducha de agua caliente a recuperar temperatura, a quitarse el barro del cuerpo y a comentar la jugada bajo da ducha entre nosotros.

En el duatló del prat, más que nunca: #somCTC







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